30 de marzo de 2014

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La Doctrina Jurisprudencial de las condenas cruzadas: La responsabilidad civil derivada de accidente de circulación en supuestos de daños personales causados por la colisión recíproca de vehículos

En el primero de estos artículos relacionado con el Derecho de Daños, vamos a analizar la reciente doctrina establecida y mantenida por el Tribunal Supremo en materia de responsabilidad civil derivada de accidente de circulación en supuestos de daños personales causados por la colisión recíproca de vehículos. 

Apuntar que no tenemos intención de extendernos en demasía en desarrollar esta materia, pues la información contenida en la red sobre este tema es muy abundante y, en la generalidad de los casos, procedentes de análisis jurídicos elaborados con mucho más rigor, seriedad y profesionalidad que la predicada en esta humilde bitácora. 



En esencia, esta importante doctrina denominada de las condenas cruzadas viene a significar que sí no queda probado judicialmente que uno de los conductores involucrados en un accidente de tráfico es el único responsable de todo el daño físico causado o no queda acreditada la proporción del daño causado por cada uno de los conductores causantes de dicho accidente, ambos conductores deberán responder del total de los daños personales causados a la víctima del accidente de tránsito.



Veámoslo con un sencillo ejemplo práctico. Imaginemos un accidente de tráfico donde un vehículo circulando por una vía recibe una colisión por alcance de otro vehículo y encontrándose el conductor aún dentro del vehículo recibe nuevamente un nuevo impacto de otro vehículo. A causa del siniestro el conductor del turismo siniestrado sufre lesiones, provocadas por ambas colisiones sin posibilidad de determinar que conductor de los vehículos siniestrados ha tenido mayor incidencia en la producción de lesiones en la víctima del accidente de tráfico.



En una apretada síntesis dicha tesis doctrinal sostiene que el resarcimiento proporcional solo es aplicable cuando pueda acreditarse un porcentaje concreto o grado de incidencia causal de cada uno de los vehículos implicados. En caso contrario, ambos conductores responden del total de los daños causados al otro vehículo.

Con anterioridad a esta doctrina de las condenas cruzadas, en los supuestos de accidente de circulación por colisión recíproca el Tribunal Supremo había venido sosteniendo la tesis de que en estos casos no era aplicable el principio de la inversión de la carga de la prueba ni el principio de la responsabilidad objetiva o por riesgo – cfr. Sentencias del TS de 15 de abril de 1992 y de 5 de octubre de 1993, entre otras. 

La aplicación de este criterio había sido adoptado por distintas Audiencias Provinciales, tanto en supuestos de daños materiales como corporales derivados de accidentes de circulación cuando de colisiones recíprocas se trataba, entendiendo que la intervención de dos creadores de riesgo neutralizaba la presunción de culpa y recobraba plena vigencia el régimen general de la carga de la prueba que obligaba a cada uno de ellos a acreditar los hechos constitutivos de la responsabilidad imputada a la otra parte.

Sin embargo, esta doctrina basada en lo dispuesto en el art. 1902 CC había ido modificándose a medida que se consolidaba un régimen de responsabilidad por riesgo hasta culminar en la Sentencia del TS de 16 de diciembre de 2008, que cita como precedente la del Pleno de 10 de septiembre de 2012.

La publicación de esta importantísima STS de 10 de septiembre de 2012, siendo Ponente D. Juan Antonio Xíol Ríos, ha supuesto la fijación de la doctrina del alto Tribunal en materia de responsabilidad civil derivada de accidente de circulación en supuestos de daños personales causados por la colisión recíproca de vehículos que, en la actualidad, permanece invariable. 

La quaestio iuris gira en torno a la interpretación que debe hacerse del artículo 1 de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación a Vehículos a Motor en los supuestos de recíproca colisión entre dos vehículos de motor sin prueba de la contribución causal de cada uno de ellos. 

La citada sentencia resolvió estimar el recurso de casación interpuesto por el conductor demandante, que reclamó por sus lesiones frente a la aseguradora del contrario, y revocar el pronunciamiento absolutorio de la instancia, con reposición de actuaciones para que se dicte sentencia condenatoria en la que se concrete y cuantifique la indemnización pertinente con arreglo al criterio de que, a falta de prueba de la participación causal de cada uno, cada conductor debe responder íntegramente (al 100%) del daño ocasionado al contrario.

La controversia objeto de casación presentaba una doble dimensión. De una parte, se suscitaba la cuestión de si, en supuestos de colisión mutua (en este caso, choque frontal, sin que resultase posible conocer qué vehículo fue el que invadió el carril contrario) cabe entender que los comportamientos de ambos conductores se anulan o compensan, de manera que ninguno tenga derecho a indemnización, o si, por el contrario, habida cuenta del régimen de responsabilidad objetiva que rige en esta materia, fundada, no en criterios subjetivos de culpa, sino en el riesgo creado por la conducción, la solución nunca puede ser la que adoptó la Audiencia Provincial de Vizcaya de no indemnizar a ninguno por sus daños, sino la de entender que cada conductor (en este caso, el demandado), debe responder frente al otro por el riesgo por él causado.

Esta cuestión se resuelve por la Sala de lo Civil conforme a esta última alternativa, pues, según señala la sentencia, una recíproca colisión de vehículos no supone excepción alguna a la aplicación del principio de responsabilidad objetiva por el riesgo de la circulación. 

Por ello, en este régimen de responsabilidad civil fundado en el riesgo creado por la circulación, una vez constatado que el accidente tuvo lugar en la circulación y, por consiguiente, que es imputable al riesgo creado por uno y otro conductor que intervinieron en él, el mero hecho de que no haya podido constatarse en autos que solo una de las conductas generadoras del riesgo ha sido la única relevante, desde el punto de vista causal, para la producción del resultado, excluyendo así la del otro conductor, o de que no haya sido posible probar la proporción en que cada una de ellas ha contribuido a causar el accidente, no es razón que permita soslayar la aplicación de los referidos criterios objetivos de imputación a ambos conductores.

Resuelto lo anterior, y declarada la responsabilidad de cada conductor frente al contrario, la segunda dimensión de la controversia tenía que ver con la cuantificación de esa responsabilidad. Unas Audiencias Provinciales eran partidarias, a falta de acreditación del concreto porcentaje de incidencia causal en el accidente, de atribuir la responsabilidad a ambos conductores por mitad (tesis del resarcimiento proporcional y no íntegro de los daños corporales recíprocos sin culpas probadas, por el efecto compensatorio de la inversión de la carga de la prueba). Otras Audiencias entendían, como si se tratara de dos accidentes distintos, que cada conductor debía responder íntegramente de los daños ocasionados al contrario (método de las condenas cruzadas).

Esta segunda polémica la resuelve la Sala con arreglo a un novedoso criterio, enunciado con valor de doctrina jurisprudencial, según el cual la solución del resarcimiento proporcional debe limitarse a los casos en que pueda acreditarse el concreto porcentaje o grado de incidencia causal de cada uno de los vehículos implicados de tal manera que, en caso de no ser así, ambos conductores han de responder del total de los daños causados al otro vehículo. 

Esta solución se adopta por la sentencia no solo por tener amplio respaldo en la doctrina de las Audiencias Provinciales y por ser seguida en el Derecho de otros países, sino también porque es una solución próxima a la que inspira la jurisprudencia de la Sala Primera tendente a proclamar la solidaridad impropia entre los agentes que concurren en la causación del daño cuando no puede establecerse la proporción en que cada uno de ellos ha contribuido a su producción. También, concluye la Sala, porque resulta acorde con la tendencia que se registra en el Derecho de otros países de atribuir responsabilidad plena a los causantes simultáneamente de un daño por una pluralidad de actividades.

Todo lo explicado hasta ahora en este post, puede resumirse acogiendo la explicitación jurídica que realiza la STS de 4 de febrero de 2013 – F.J. Segundo -, sobre la doctrina de las condenas cruzadas:

“En supuestos de colisión recíproca de vehículos constituye jurisprudencia de esta Sala, a partir de la STS de 16 de diciembre de 2008, RC núm. 615/2002, que el artículo 1.1 I y II LRCSVM 1995 establece un criterio de imputación de la responsabilidad derivada de daños a las personas causados con motivo de la circulación fundado en el principio objetivo de la creación de riesgo por la conducción. Este principio solamente excluye la imputación (artículo 1.1 II) cuando se interfiere en la cadena causal la conducta o la negligencia del perjudicado (si los daños se deben únicamente a ella) o una fuerza mayor extraña a la conducción y al funcionamiento del vehículo, salvo, en el primer caso, que concurra también negligencia del conductor, pues entonces procede la equitativa moderación de la responsabilidad y el reparto de la cuantía de la indemnización (artículo 1.1 IV LRCSVM 1995).
El riesgo específico de la circulación aparece así contemplado expresamente en la ley como título de atribución de la responsabilidad, frente a la tradicional responsabilidad por culpa o subjetiva en que el título de imputación es la negligencia del agente causante del resultado dañoso. Esto es así tanto en el supuesto de daños personales como de daños materiales, pues en relación con ambos se construye expresamente el régimen de responsabilidad civil por riesgo derivada de la conducción de un vehículo de motor («daños causados a las personas o en los bienes»: artículo 1.1 I LRCSCVM). Respecto de los daños materiales, sin embargo, la exigencia, que también establece la LRCSCVM, de que se cumplan los requisitos del artículo 1902 CC (artículo 1.1 III LRCSCVM) comporta que la responsabilidad civil por riesgo queda sujeta al principio, clásico en la jurisprudencia anterior a la LRCSCVM sobre daños en accidentes de circulación, de inversión de la carga de la prueba, la cual recae sobre el conductor causante del daño y exige de ese, para ser exonerado, que demuestre que actuó con plena diligencia en la conducción.”

La SAP de Salamanca (Sección 1a) nº 326/2013 de 2 de octubre de 2013 – F.J. Segundo - acoge, reconoce y aplica la doctrina de las condenas cruzadas con el siguiente razonamiento:

“(…) Por consiguiente, al no poderse determinar cuál de los conductores fue el responsable del accidente objeto de juicio, ni tampoco la proporción en que cada uno de ellos contribuyó a la producción del resultado dañoso- pues el conductor asegurado en la compañía demandante-reconvenida tan sólo reconoció que iba un poco por encima de la velocidad máxima permitida pues llevaba a cabo un adelantamiento, lo cual desde luego no permite considerar justificado que sólo él produjese el accidente, ni tampoco permite concluir que su contribución causal fue la principal, ni en qué cuantía contribuyó al incremento de los daños producidos-; y teniendo en cuenta que las indemnizaciones, tanto las que reclama la Compañía Mapfre en la demanda, como las que reclama la demandada en la reconvención, proceden y se refieren a indemnizaciones satisfechas a los ocupantes del vehículo asegurado en la compañía demandada-reconveniente, de acuerdo con la doctrina de las condenas cruzadas antes transcrita la conclusión debe ser que todas esas indemnizaciones deben correr a cargo de la compañía aseguradora del otro vehículo, Mercedes, es decir, la Compañía Mapfre. Por lo que procede estimar el presente recurso de apelación y, revocando la sentencia recurrida, por las razones antes indicadas basadas en la llamada doctrina jurisprudencial de las condenas cruzadas antes transcrita desestimar la demanda y estimar íntegramente la reconvención, condenando a la entidad demandante- reconvenida a indemnizar a la entidad demandada-reconveniente en la cantidad de 141 1432,36 #.” – cfr. SAP de Córdoba 87/2013, de 25 de abril.

PD: Este mes de abril lo vamos a dedicar íntegramente al estudio de una de las ramas del Derecho Civil en que la contribución de la jurisprudencia resulta más decisiva: la Responsabilidad Civil, también denominada Derecho de Daños o, más propiamente Derecho de Responsabilidad Civil.
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