2 de abril de 2014

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La doctrina de la concurrencia de culpas en los accidentes de circulación


En materia de derecho de daños derivados de accidentes de circulación los criterios legales de atribución de la responsabilidad civil vienen establecidos en el Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor y consolidados por la doctrina jurisprudencial, determinándose una responsabilidad objetiva atenuada del conductor del vehículo a motor cuando se ocasionan daños a las personas cuyo factor de atribución es el riesgo. En este caso, la víctima o perjudicado no tendrá que probar la culpa del conductor del automóvil, sólo le basta acreditar el perjuicio y la existencia de una relación de causalidad entre el riesgo creado y la producción del daño. 


Establece el artículo 1.1. párrafos 1 y 2. del RDL 8/2004 que: “El conductor de vehículos a motor es responsable, en virtud del riesgo creado por la conducción de estos, de los daños causados a las personas o en los bienes con motivo de la circulación.” Establece un criterio objetivo de responsabilidad, donde el conductor por el hecho de serlo genera una responsabilidad por el daño que cause. En el caso de daños a las personas, de esta responsabilidad sólo quedará exonerado cuando pruebe que los daños fueron debidos únicamente a la conducta o la negligencia del perjudicado o a fuerza mayor extraña a la conducción o al funcionamiento del vehículo; no se considerarán casos de fuerza mayor los defectos del vehículo ni la rotura o fallo de alguna de sus piezas o mecanismos.” 

Para los daños en los bienes a causa del accidente, la norma referida establece un sistema de responsabilidad, donde el perjudicado debe demostrar la Culpa de la otra parte. En este sentido, el párrafo tercero del artículo 1.3 dispone que: “ En el caso de daños en los bienes, el conductor responderá frente a terceros cuando resulte civilmente responsable según lo establecido en los artículos 1.902 y siguientes del Código Civil y artículos 109 y siguientes del Código Penal, y según lo dispuesto en esta ley.”

Ahora bien que sucede en aquellos casos en que en la relación causal entre el acto u omisión del conductor interfiere una acción u omisión culposa de la propia víctima. El Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos de Motor, aprobado por el Real Decreto Legislativo 8/2004, establece que: "si concurriere la negligencia del conductor y la del perjudicado se procederá a la equitativa moderación de la responsabilidad y al repartimiento en la cuantía de la indemnización, atendida la entidad respectiva de las culpas concurrentes" (artículo 1.1, párrafo 4).

La interpretación de este precepto por el Tribunal Supremo ha dado lugar a la creación de la doctrina denominada de compensación de culpas - aunque, como dice el alto Tribunal, técnicamente más que una compensación, porque las culpas no se compensan, lo que en realidad se opera es una concurrencia de culpas en la producción del resultado dañoso, por lo que debe hablarse de compensación de responsabilidades o compensación de consecuencias reparadoras. 

La doctrina y la jurisprudencia entienden que la obligación de reparar del agente debe verse disminuida en su intensidad o cuantía si concurre culpa del propio perjudicado, y ello en base al artículo 1.103 del Código Civil, que faculta a los Tribunales para moderar la responsabilidad procedente de culpa. El Tribunal Supremo ha señalado que en la determinación de la gravedad de las culpas concurrentes el Tribunal atenderá a cuál de las partes ha causado predominantemente el daño para aminorar la indemnización y si la culpa del perjudicado ofrece muy acusados relieves o intensidad, pueda absorber a la del agente y exonerar a éste último, pues el único fundamento del resultado es la culpa de la víctima que rompe el nexo causal.

Tanto en los daños materiales como en los corporales en el supuesto de concurrencia de culpas la postura jurídica más equitativa y extendida entre la doctrina jurídica, es que el que sufre el daño solo debe ser resarcido por el contrario en su mitad, salvo que se determine un nivel distinto de responsabilidad para cada uno de los conductores que en este caso la concurrencia de culpas debe contemplar el distinto grado de responsabilidad causal y ajustar la indemnización en base al porcentaje que se determine por el Órgano judicial.

Es decir que, siguiendo la tesis jurisprudencial mayoritaria, en los supuestos donde no se pueda determinar la responsabilidad en accidente de circulación la solución pasa por hacer un reparto de dicha responsabilidad, debiendo indemnizar cada conductor la mitad de los daños ocasionados en el otro vehículo y soportado a su vez la mitad en los propios y esto referido tanto para daños materiales como en los corporales. En cuanto a los daños materiales, la cuota correspondiente de responsabilidad se fijará en base al porcentaje de culpa presumida, que resulte para cada conductor. En el ámbito de los daños corporales la cuota de responsabilidad se basa en el riesgo objetivo por ser conductor, desplegándose así una responsabilidad cruzada de ambos conductores, aunque el daño en este caso se desliga de la causalidad jurídica - cfr. entre otras muchas, STS de 6-10-1992 y 17-6-1994, 11-3-1996 y 8-7-1996.

Como hemos venido señalando a lo largo de este artículo, las reglas de responsabilidad objetiva y por culpa en materia de daños derivados de accidentes de tráfico están sometidas a reglas complementarias que tratan de valorar el comportamiento de los sujetos intervinientes. Desde el punto de vista conceptual existen tres reglas básicas de modulación de la responsabilidad de la víctima. 

Negligencia Coadyuvante.- La negligencia coadyuvante impide que haya una indemnización para la persona que presentó la demanda si se determina que fue responsable del accidente. Por lo tanto si el juez deciden que la persona que presentó la demanda tiene aunque sea un 1% de culpa de haber causado sus propias lesiones, no recibirá ningún tipo de indemnización.

Negligencia Comparativa.- En un sistema de negligencia comparativa, el juez decide qué tanto de responsabilidad o culpa debe recaer en cada persona después de un accidente y luego reparte la cantidad de daños respectivos. Por ejemplo, si una persona es encontrada responsable en un 40% de haber causado sus propias heridas, entonces la otra parte o partes responsables solo pagaran el 60% de los daños del demandante.

Negligencia Comparativa Modificada.- De forma análoga al sistema de negligencia comparativa, un juez decide el porcentaje de responsabilidad de cada persona involucrada en un accidente y los indemniza respectivamente. Pero a diferencia de un sistema de negligencia comparativa, en este otro sistema se fija un límite en el porcentaje de la responsabilidad de la persona demandante. Existen dos diferentes límites: la regla del 50% y la regla del 51%. 
  1. Regla del 50 Por ciento.- Si se utiliza la regla del 50%, la persona que hace la demanda no puede ser indemnizada si tiene 50% o más de la responsabilidad o culpa, pero si tiene el 49% o menos de la culpa, puede ser indemnizado proporcionalmente. Por ejemplo, si un demandante tiene el 49% de la culpa puede ser indemnizada con el 51% de sus daños y lesiones. 
  2. Regla del 51 Por ciento.- Si se utiliza la regla del 51%, la persona que hace la demanda no puede ser indemnizada si tiene 51% o más de la responsabilidad. Esto sigue el principio de que un demandante que es más negligente que un acusado no debe recibir ninguna indemnización. En este caso si la persona demandante tiene el 50% de la culpa, puede recuperar o ser indemnizada por el 50% de sus daños, pero no puede recuperar nada si se determina que tiene 51% de la culpa o más. – Cfr. Derecho de daños norteamericano. 
En definitiva, en el derecho de daños español la jurisprudencia ha creado la denominada doctrina de la concurrencia de culpas que viene a ser coincidente en sus términos con la regla de la negligencia comparativa, no existiendo diferencias significativas entre los efectos de la negligencia comparativa y la teoría de la compensación de culpas.

La STS, Sala 1ª, 12.12.2008 (RJ 2009\527), siendo Ponente: Juan Antonio Xiol Ríos, es un claro ejemplo de Negligencia comparativa modificada en nuestro sistema legal:

“La negligencia del peatón, consistente en penetrar en la calzada por una parte por la que no era previsible que el vehículo circulase, y en circunstancias que imponían al conductor especiales deberes de precaución, tiene un carácter secundario que impide atribuirle relevancia a los efectos de exonerar al conductor de la imputación del daño producido como ajeno, en todo o en parte, a su responsabilidad objetiva por los riesgos de la circulación”.
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