4 de abril de 2014

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La doctrina de la asunción del riesgo – Un breve análisis de la STS de 22 de octubre de 1992




En sede de responsabilidad civil la asunción del riesgo o aceptación de riesgo y el consentimiento de la víctima son elementos causales de justificación que excluyen que la conducta causante del daño pueda ser calificada de antijurídica. En este sentido, la doctrina tradicional matiza que la diferencia esencial entre la aceptación de riesgo y el consentimiento de la víctima o perjudicado radica en que en la asunción de riesgos no existe una aceptación de un daño actual, sino la exposición a ese daño. 

En esencia, la regla de la asunción del riesgo consiste en que quien decide voluntariamente practicar alguna actividad o intervenir en un acontecimiento asume el riesgo inherente que comporta, aceptando el mismo y, por tanto, quedando excluida la responsabilidad del agente causante del daño.

Habida cuenta de la especial naturaleza del deporte, la asunción del riesgo juega un papel muy importante en la jurisprudencia deportiva, sobre todo en aquellos deportes cuyo desarrollo implica de forma habitual caídas o golpes entre los participantes y es la más aplicada por los tribunales que resuelven supuestos de accidentes deportivos. 

Ante la ausencia de una regulación normativa específica de la responsabilidad civil derivada del hecho deportivo, la STS de 22 de octubre de 1992, siendo ponente D. Rafael Casares Córdoba, marcó un punto de inflexión en materia de responsabilidad civil deportiva, al ser la primera que reconoció la asunción del riesgo por parte de los deportistas y además fijó una doctrina al respecto que, a partir de entonces, ha sido seguida por la mayoría de la jurisprudencia tanto del Tribunal Supremo como de las Audiencias Provinciales – cfr. como precedente remoto de la doctrina de la asunción del riesgo la STS, 1ª, 29.12.1984 que se limitaba a señalar el riesgo implícito a las actividades deportivas. Art. 5 de la Ley 19/2007, de 11 de julio, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.

Los antecedentes de hecho del litigio que motivaron el mentado pronunciamiento judicial eran los siguientes: Por don Ricardo V. O. y ante el Juzgado de 1ª Instancia de Bilbao se interpuso demanda contra don José O. R. y una compañía aseguradora en reclamación de una indemnización de 10.037.100 ptas., por responsabilidad civil derivada de la pérdida del ojo izquierdo, producida como consecuencia de un lance de juego en el transcurso de un partido de pelota y por rebote en el lanzamiento de ésta. La sentencia de dicho Juzgado estimó parcialmente la demanda, condenando solidariamente a los demandados al pago al actor de la cantidad de 2.037.100 ptas. Interpuesto recurso de apelación por ambas partes, la Audiencia Provincial de Bilbao, desestimó el formulado por la parte demandada y estimando parcialmente el interpuesto por la actora elevó el montante indemnizatorio a la suma de 5.037.100 ptas.

Contra la mentada sentencia se interpuso por la parte demandada el correspondiente recurso de casación, que posibilitó el conocimiento del litigio por parte del Tribunal Supremo, el cual, a su vez, declaró haber lugar al recurso y con revocación de las sentencias dictadas por la Audiencia Provincial y Juzgado de 1ª Instancia de Bilbao, desestima en su totalidad la demanda interpuesta, absolviendo a los demandados.

En una apretada síntesis, el citado pronunciamiento judicial excluye la aplicación de la teoría del riesgo a esta actividad deportiva aficionada, puesto que la misma se aplica a los titulares de actividades peligrosas, que extraen un beneficio de su explotación. En segundo lugar, afirma que en la práctica de un deporte los participantes asumen el riesgo implícito al mismo, salvo que la conducta de los otros participantes pueda calificarse de dolosa o culposa.

La sentencia comienza por recoger la reiterada doctrina jurisprudencial de que la aplicación del art. 1902 CC, pese a la tendencia objetivizadora en su interpretación, no puede prescindir del matiz subjetivo, constituido por la exigencia de la culpa o negligencia, lo que hace en los términos siguientes:


“El problema que sobre la base de lo relatado plantea el único motivo del recurso es, el de si aun concurriendo los requisitos que la doctrina jurisprudencial exige para que pueda surgir la responsabilidad por daños o lesiones de naturaleza extracontractual, ello resulta suficiente para que la obligación de resarcir pueda ser declarada, interrogante esta que a la luz de esa doctrina (y de la científica prevalente) ha de ser contestada negativamente, toda vez que del hecho de concurrir un acto u omisión del que deriven resultados lesivos, incluido el mortal, y de que entre aquél y éste exista la adecuada relación de causalidad, la imputación de la responsabilidad exige si se aplica el art. 1902 CC, y no nos hallamos a presencia de un supuesto de la mal llamada responsabilidad objetiva o por riesgo, una tipificación de la conducta del agente, esto es, que exista en ella negligencia en la realización del acto o en la omisión”.

La responsabilidad deportiva no es, pues, una responsabilidad objetiva, precisando el nacimiento de la misma, en la esfera extracontractual, la existencia de culpa o negligencia. No obstante lo cual la misma no sólo abarca, como es evidente, al deportista, sino también al organizador de la práctica deportiva, así como al monitor de la actividad, es decir a todos aquéllos que interviniendo de una u otra forma en la misma hayan contribuido, de forma culpable y causal, a la génesis del daño. 



Entrando en el análisis de esta resolución y siguiendo en esta materia al Iltre. Magistrado-Juez Sr. José Luis Seoane Spiegelberg, Presidente de la sección 4ª Audiencia Provincial de A Coruña, la referida sentencia en referencia al tema de la responsabilidad civil deportiva hace las consideraciones siguientes: 

1.-  Ausencia de una regulación normativa específica de la responsabilidad civil dimanante de las prácticas deportivas.- Sobre esta cuestión, la meritada sentencia comienza destacando que: 

“Establecido lo que antecede y siguiendo con el discurrir de lo en este motivo presentado y planteado, es preciso adentrarse en lo que constituye la esencia del tema que originó el ejercicio de la acción de responsabilidad extracontractual que concluye con este recurso, y no es otro que la responsabilidad civil derivada de actos realizados en el ejercicio de una actividad deportiva a título particular entre amigos y representada en este caso, cual se ha dicho, por un juego de pelota a pala en el curso del cual y como consecuencia de un pelotazo, uno de los jugadores perdió un ojo a consecuencia del golpe en él recibido.” 

2.- Posibilidad de fundar las reclamaciones resarcitorias derivadas del deporte dentro del ámbito contractual y extracontractual.- En este aspecto, la sentencia parte de la clase de la acción ejercitada, que no era otra que la de la culpa extracontractual, en la que considera subsumibles supuestos como el enjuiciado, pero tampoco es de descartar la aplicación de las normas reguladoras de la responsabilidad contractual, de existir una relación o vínculo de tal clase entre el perjudicado y el causante del daño, por ejemplo en el caso del llamado contrato atípico de exhibición de espectáculos deportivos, participación en actividades organizadas mediante el pago del precio correspondiente o en casos de aprendizaje deportivo retribuido – cfr. STS de 10 de junio de 1991, 6 de octubre de 1992, 13 de febrero de 1993, STS de 19 de mayo de 1997 que cita las de 15 de junio de 1996, 5 de julio, 27 de septiembre, 29 de noviembre de 1994 y STS de 17 de octubre de 2001 y 1 de julio de 2002. 

3.- La inaplicación de la teoría del riesgo.- La sentencia analizada parte igualmente de la inaplicación a estos supuestos de la denominada teoría del riesgo como criterio objetivizador de la responsabilidad civil, por no concurrir los condicionantes que posibilitan su juego jurídico, señalando, al respecto, al aplicar el art. 1902 del CC, que dicho: 

“(…) precepto que aun cuando considerablemente objetivizado por esta Sala, especialmente cuando su aplicación se proyecta sobre actividades, aspectos o conductas de clara y patente trascendencia social ha conducido a una llamada socialización de responsabilidades, lo que no es, en principio al menos de aplicación a las competiciones deportivas, dado que el riesgo particular que del ejercicio de una actividad de ese género pueda derivar y va implícito en el ejercicio de la misma, no puede equipararse a la idea del riesgo que como objetivación de la responsabilidad ha dado lugar a la aparición de una especial figura responsabilicia, en cuanto ésta se encuentra fundada en la explotación de actividades, industrias, instrumentos o materias que si bien esencialmente peligrosos, el peligro que su puesta en funcionamiento lleva implícito se ve compensado en primer y fundamental lugar por el beneficio que como consecuencia de ello recibe la Sociedad en general, y en cuanto al directamente exportador del medio, por los beneficios que a través de ello obtiene, nada de lo cual acontece en casos como el presente en el que concretamente y por lo que a él se refiere, no era un deporte de masas, ni siquiera cultural, sino al igual que acontece con otros deportes como el tenis a estos niveles, la natación, etc., no son otra cosa que aspectos deportivos propios de la Sociedad actual que a nivel individual vienen a constituir una faceta lúdico-sanitaria en cuanto dirigida a paliar en cierta medida las consecuencias psíquicas que las agotadoras horas de servicio o trabajo diario, en medios lo suficientemente ásperos y en ocasiones hasta agresivos, como suelen ser aquellos en que se desenvuelven actualmente las tareas laborales, provoca en la persona la necesidad de acudir a manera de «válvula de escape» a la práctica de ciertos deportes de carácter más bien individualista, cual acontece con el aquí contemplado.” – cfr. sentencia de la sección 1ª de la Audiencia Provincial de Valladolid, de 21 de septiembre de 1994 y sentencia de la sección 2ª de la Audiencia Provincial de Sevilla de 12 de mayo de 2000. 

4.- La teoría de la asunción de riesgos.- El fundamento de la exención de responsabilidad del deportista causante material del daño se hallaría en la teoría de la asunción de riesgos, ahora bien siempre que la práctica de la actividad deportiva no se salga de los límites normales, pues fuera de tales casos podría incluso nacer una responsabilidad criminal dolosa o culposa. De esta forma, la mencionada sentencia nos indica que:
“Así centrada la cuestión y para comprobar si la tipificación realizada tanto por el Juzgador de instancia como el de Apelación se acomoda a lo indicado, debe también señalarse que en materia de juegos o deportes de este tipo la idea del riesgo que cada uno de ellos pueda implicar -roturas de ligamentos, fracturas óseas, etc.-, va ínsita en los mismos y consiguientemente quienes a su ejercicio se dedican lo asumen, siempre claro es que las conductas de los partícipes no se salgan de los límites normales ya que de ser así podría incluso entrar en el ámbito de las conductas delictivas dolosas o culposas. Lo que ha de imperar por tanto en este tipo de actividades son las reglas de prudencia que los jugadores deben seguir, debiendo a su vez tenerse en cuenta que los actos de los deportistas en cada manifestación deportiva, aun cuando dirigidos a lograr las más adecuadas jugadas no siempre producen el resultado perseguido, cual aquí ha acontecido, ya que no puede extraerse la consecuencia de que en un juego como el de pelota a pala quien maneja ésta quiera lesionar a su compañero de competición de la misma forma que tampoco se le puede exigir que la pelota vaya siempre al lugar deseado. Todas estas consideraciones conducen a estimar que al demandado y hoy recurrente don José O. R. no le es imputable a título de culposo o negligencia el acto que originó la pérdida del ojo izquierdo a don Ricardo V. O., en cuanto tal evento no es en realidad otra cosa que una consecuencia, desgraciada y siempre sentida, de cualquier tipo de juego, pero de responsabilidad inicialmente inimputable, lo que produce como consecuencia la estimación del motivo y consiguientemente del presente recurso.” - cfr. sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 17 de octubre de 2001.

5.-  La teoría de la asunción de riesgos en la responsabilidad civil deportiva.- El Tribunal Supremo, considera que el tratamiento de la responsabilidad civil deportiva debe hacerse dentro de la teoría de la asunción de riesgos, figura que nace por obra de la jurisprudencia francesa en la segunda mitad del siglo XIX, con esta noción se alude a que el daño aparece ligado a una conducta de la víctima que lo sufre cuando se expone de forma consciente a un peligro típico y específico. 

En definitiva, la idea que subyace en la práctica de los deportes es que existe un riesgo en la mayoría de ellos, ya sea de sufrir un accidente entre deportistas, o de sufrirlo solo, y que éste es asumido de forma voluntaria. El Tribunal Supremo, por primera vez, a través de la sentencia analizada, aplica esta regla de la asunción del riesgo y señala de forma detallada los requisitos que deben concurrir para su apreciación. Así entiende que quien practica un deporte con riesgos inherentes debe asumir su concreción, siempre que el causante haya actuado dentro de los límites normales del deporte concreto. 

En efecto, la asunción del riesgo es el principal criterio de resolución de los daños causados en actividades deportivas por la doctrina jurisprudencial y se aplica tanto a deportes de riesgo bilateral, en los que el contacto entre los deportistas es parte esencial del deporte, como a los de riesgo unilateral en el que el contacto entre los mismos es infrecuente. La asunción del riesgo no sólo se aplica a los deportistas sino también a árbitros u otros auxiliares de la competición, a deportistas que están realizando un curso de aprendizaje deportivo e, incluso en algunos supuestos, a espectadores. El criterio del conocimiento de los riesgos inherentes al deporte sólo será objeto de especial análisis en aquellas modalidades deportivas de aparición reciente o infrecuente, cuyos practicantes desconozcan las posibilidades de lesión derivadas de su práctica. En los deportes de riesgo unilateral el deportista asume los posibles accidentes que sufra por sí solo, siempre que el riesgo del mismo no se haya visto incrementado por el organizador del evento, el titular de la instalación u otro deportista. 

Este criterio de imputación de daños ha sido aplicado continuadamente por el Tribunal Supremo en numerosas ocasiones: STS, 1ª, 18.3.1999: esquiadora murió al chocar contra la caseta de un transformador eléctrico cuando descendía una pista de esquí sobre un plástico; STS, 1ª, 27.9.2001 : alumna de un curso de golf golpeó con el palo a su monitora al errar un golpe; STS, 1ª, 17.10.2001: joven aficionado al rafting murió ahogado tras caer al agua y golpearse con una roca; STS, 3ª, 1.7.2002 : una participante en un encuentro de fútbol femenino sufrió una fractura compleja distal en el radio izquierdo. El Tribunal Supremo también recurre a la asunción del riesgo en casos en los que la propia víctima realiza una actividad peligrosa a sabiendas del peligro que conllevaba. La STS, 1ª, 12.3.1998 nos muestra un caso de autopuesta en peligro por parte de la víctima. 

En último lugar, también se ha aplicado por la doctrina jurisprudencial la regla de la asunción del riesgo por los daños derivados de otros tipos de hechos. En este sentido, son relativamente frecuentes los casos de daños sufridos por una persona que se adentra en una finca ajena sin consentimiento de su propietario. La STS, 1ª, 2.4.2004 expone que: la víctima se adentró en una fábrica abandonada a través de un agujero de una de las vallas y, ya en el interior, accedió a un transformador de electricidad propiedad de “Fuerzas Eléctricas de Cataluña, SA” (FECSA) y se apoyó en un interruptor, a consecuencia de lo cual sufrió una descarga eléctrica que le provocó la pérdida de ambas manos. El TS estimó el recurso interpuesto por FECSA aplicando criterios de prohibición de regreso y de asunción del riesgo: la conducta ilícita del actor de acceder a una finca ajena y vallada para coger tuberías de cobre interfirió en el curso causal de los hechos y propició el accidente, con independencia del riesgo que entrañaba la actividad de suministro eléctrico. Además, tal conducta suponía la aceptación de un grave riesgo por el sujeto “habida cuenta de la peligrosidad que entraña el acceso sin control a una edificación [...] por persona desconocedora de las contingencias nocivas inherentes a la misma” (F.D. 2º). 

En cuanto a los presupuestos objetivos para que actué la asunción de riegos, la doctrina jurisprudencial los cifra en dos: aceptación por el perjudicado del eventual peligro y que tal aceptación se refiera a un hipotético riesgo que se concreta en función de las circunstancias concurrentes – cfr. STS 14 de enero de 2013. Para la doctrina estos requisitos para la aplicación de esta regla pueden concretarse en: que la práctica habitual del deporte comporte riesgos para la integridad física de los deportistas, que estos riesgos sean conocidos por sus practicantes y que se concrete el riesgo en una acción que no exceda de los límites normales de la actividad – a efectos de no extender demasiado este post postergamos para otras ocasiones el análisis jurisprudencial de estos presupuestos.



Fuentes Consultadas 


1. Responsabilidad Civil. Aspectos Fundamentales. José Antonio Seijas Quintana. Ed. Sepín. 2007.

2. Repensar la regla de la asunción del riesgo (De causal de justificación a dispositivo tecnológico de gobierno de los riesgos) por Gonzalo Sozzo. pág. 287-339. Revista de derecho de daños. Buenos Aires. nº 2 (2007).

3. Accidentes deportivos: lesiones consentidas. Análisis de la doctrina de la asunción del riesgo en la responsabilidad civil en el deporte. José Piñeiro Salguero. Facultad de Derecho. Universitat Pompeu Fabra. Revista Indret. 2005.

4. Causalidad y responsabilidad (Tercera edición). Pablo Salvador Coderch y Antonio Fernández Crende. Facultad de Derecho. Universitat Pompeu Fabra. Revista Indret. 2006.

5. IV Congreso Nacional De La Asociación Española De Abogados Especializados en Responsabilidad Civil y Seguro. Deporte y Responsabilidad Civil. José Luis Seoane Spiegelberg. Presidente de la sección 4ª Audiencia Provincial de A Coruña Profesor asociado de Derecho Procesal. Pontevedra 11, 12 Y 13 de noviembre de 2004.

6. La Responsabilidad Civil Contractual y Extracontractual: El Seguro como Criterio de Imputación. Paulina Vélez Posada. Trabajo de Fin de Master. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Derecho. Dpto. de Derecho Civil. 2012.

7. Responsabilidad Civil y Deporte. Tesis Doctoral. José Piñeiro Salguero. Universitat Pompeu Fabra. Director: Dr. Pablo Salvador Coderch. 2008.
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