25 de abril de 2014

// // 1 comment

El concepto legal de accidente o hecho de la circulación en la normativa vigente

La palabra accidente tiene su origen en el término latino accidens y hace referencia a algo que sucede o surge de manera inesperada, ya que no forma parte de lo natural o lo esencial de la cosa en cuestión. El uso más frecuente del término está vinculado al acontecimiento que sucede sin intención y que genera un daño a un ser vivo o a una cosa. Desde otra perspectiva más cercana a la salud pública, la OMS define de forma genérica el accidente como una transferencia anormal no controlada de energía que tiene como consecuencia la ocurrencia de lesiones o muertes.


En este contexto, el Diccionario de Términos de Tráfico, Circulación y Seguridad Vial definen el accidente de circulación como “el resultado de una conjunción o concurrencia desfavorable de múltiples factores (la vía y su entorno, vehículo, conductor y usuarios, condiciones metereológicas o ambientales) en un momento y lugar determinados – Cfr. Pág. 12. Diccionario de Términos de Tráfico, Circulación y Seguridad Vial. Eduardo Checa Zavala, Roberto Ceamanos Marín. Asociación Española de Centros Médico-Psicotécnicos.1997. Para ser considerado como tal debe reunir las siguientes condiciones: que se produzca o tenga lugar en vía y terrenos aptos para la circulación, tanto urbanos como interurbanos y, en los que sin tener tal aptitud, sean de uso común, y en los privados que sean utilizados por una colectividad indeterminada de usuarios, que, al menos, esté implicado un vehículo en movimiento y que, como consecuencia del cual, una o varias personas resulten muertas o heridas (o se produzcan daños materiales).

El informe Mundial sobre prevención de traumatismos en accidentes de tráfico publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial en 2004 define el accidente de tráfico como un suceso o serie de sucesos que cabe someter a un análisis racional y a la aplicación de medidas correctivas, con el objetivo de romper con la creencia generalizada de que son inevitables e impredecibles, es decir, sucesos imposibles de controlar – Cfr. Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial 2013. 

En otro orden de cosas, la Orden Ministerial de 18 de febrero de 1993 por la que se modifica la estadística de accidentes de circulación establece un concepto normativo de accidente y plantea una serie de definiciones, definiéndolo como: “el producido o que tenga su origen en una de las vías o terrenos objeto de la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, siempre que resulte del mismo, una o varias personas muertas o heridas o sólo daños materiales y esté implicado, al menos, un vehículo en movimiento”. 

Por tanto, Se considera que un vehículo está implicado en un accidente de circulación cuando concurren una o varias de las circunstancias detalladas a continuación: 
  1. Entrar el vehículo en colisión con otro u otros vehículos, en movimiento, parados o estacionados, peatones, animales y/o otro obstáculo. 
  2. Sin haberse producido colisión, haber resultado, como consecuencia del accidente, muertos o heridos el conductor y/o algún pasajero del vehículo, o haberse ocasionado sólo daños materiales.
  3. Sin haberse producido colisión con el vehículo estar éste parado o estacionado en forma peligrosa, de modo que constituya uno de los factores del accidente.
  4. Sin haber sufrido el vehículo directamente las consecuencias del accidente, constituir el comportamiento del conductor o de alguno de los pasajeros uno de los factores que han provocado el mismo.
  5. Haber sido arrollado el conductor o un pasajero del vehículo por otro en el momento en que subía o descendía de él, en cuyo caso ambos vehículos se consideran implicados en el accidente.
En este sentido no tendrán la consideración de accidente de tráfico, entre otros, los siguientes supuestos: 
  1. - La manipulación de un vehículo para simular un accidente de tráfico.
  2. El incendio de un vehículo estacionado - cfr. la Sentencia de la Audiencia provincial de Baleares de 18 de enero de 2007 que estima el incendio de un automóvil estacionado producido antes o después de circular como hecho o accidente de la circulación amparado por el seguro obligatorio de responsabilidad civil del automóvil.
  3.  La caída de un objeto sobre un vehículo estacionado.
  4. La apertura fortuita de una portezuela que golpea a un peatón.
  5. Un peatón que se golpea con una señal de tráfico, tropieza contra una baldosa o cae a una zanja.
  6.  La lesión de un ocupante del vehículo por un golpe de otro usuario o por un objeto lanzado desde el exterior.
  7. Las maniobras irregulares de vehículos sin generar daño alguno, derrapes, trompos, etc. 
En el ámbito de la responsabilidad civil, surge la noción de accidente o hecho de la circulación que marcará la pauta decisiva para una correcta aplicación legal de dicho régimen. En consecuencia, esta delimitación conceptual se encontraba en el Reglamento de Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, aprobado por Real Decreto 7/2001 de enero. En efecto el artículo 3 establecía que se debe de entender por accidente o hecho de la circulación «el derivado del riesgo creado por la conducción de los vehículos a motor, tanto por garajes y aparcamientos como por vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, tanto urbanos como interurbanos, así como por vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común». En idéntico sentido, se pronuncia el vigente artículo 3 del Real Decreto 1507/2008, de 12 de septiembre, por el que se aprueba el actual Reglamento del seguro obligatorio de responsabilidad civil en la circulación de vehículos a motor, excluyendo:

a) Los derivados de la celebración de pruebas deportivas con vehículos a motor en circuitos especialmente destinados al efecto o habilitados para dichas pruebas, sin perjuicio de la obligación de suscripción del seguro especial previsto en la disposición adicional segunda. b) Los derivados de la realización de tareas industriales o agrícolas por vehículos a motor especialmente destinados para ello. c) Los desplazamientos de vehículos a motor por vías o terrenos en los que no sea de aplicación la legislación señalada en el artículo 1, tales como los recintos de puertos o aeropuertos y d) la utilización de un vehículo a motor como instrumento de la comisión de delitos dolosos contra las personas y los bienes. En todo caso sí será hecho de la circulación la utilización de un vehículo a motor en cualquiera de las formas descritas en el Código Penal como conducta constitutiva de delito contra la seguridad vial, incluido el supuesto previsto en el artículo 382 de dicho Código Penal.

Sin embargo, resulta ocioso señalar que, tanto la noción de accidente de tráfico o hecho de la circulación, como el vehículo a motor son elementos esenciales para la aplicación de la normativa sobre responsabilidad civil derivada de la circulación de vehículos a motor. Que sea o no considerado como accidente de circulación un hecho determinado trae consigo distintas consecuencias jurídicas que marcaran el camino a seguir dentro o fuera del sistema especial estatuido por LRCSCVM (en adelante Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor) y por ende la aplicación del sistema de valoración del daño, la intervención del Seguro Obligatorio del Automóvil y la mediación del Consorcio de Compensación de Seguros como fondo de garantía, entre otras cuestiones. 

En lo atinente al accidente o hecho de la circulación, hay que significar que en la definición prevista en el artículo 3 RRCSCVM (en lo sucesivo Reglamento sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor) se aprecian dos elementos, uno material; vehículo a motor y otro espacial; lugar donde se produce. El primero, hace referencia al medio de transporte sobre el cual se cierne el riesgo de sufrir las consecuencias de una accidente de circulación. Una de las primeras definiciones legales del concepto o noción de vehículo a motor aparece en el año 1900 con motivo de la publicación en el mes de septiembre del Reglamento para el servicio de coches automóviles por las carreteras del Estado, norma que deroga la Real Orden de 31 de julio de 1897. En esta disposición legal se define al automóvil como todo carruaje movido por fuerza mecánica, cuya conformación debe garantizar unas condiciones mínimas de seguridad. 

En la actualidad por vehículo a motor, según el artículo 1 del RRCSCVM, habrá que considerar a todos los vehículos idóneos para circular por la superficie terrestre e impulsados a motor, incluidos los ciclomotores, vehículos especiales, remolques y semirremolques, cuya puesta en circulación requiera autorización administrativa de acuerdo con lo dispuesto en la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial. Se exceptúan de la obligación de aseguramiento los remolques, semirremolques y máquinas remolcadas especiales cuya masa máxima autorizada no exceda de 750 kilogramos, así como aquellos vehículos que hayan sido dados de baja de forma temporal o definitiva del Registro de Vehículos de la Dirección General de Tráfico.

De igual forma, se aplicarán los conceptos recogidos en el anexo I del Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, por el que se aprueba el Texto Articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial. Del mismo modo, nuestro Código penal también lanza una definición de lo que se debe de entender por vehículo a motor. Lo hace en el Libro II. Delitos y sus penas, dentro del título XIII «delitos contra el patrimonio y contra el orden socioeconómico». Capítulo IV. Artículo 244 “del robo y hurto de uso de vehículos a motor”. Este precepto incluye expresamente a los vehículos de motor y a los ciclomotores, superando el texto del artículo 516 bis del Código penal anterior, que trataba de englobar ambas categorías a través de la expresión “vehículo de motor ajeno, cualquiera que fuese su clase, potencia o cilindrada” 

El elemento espacial acontece en la segunda parte de la definición. Aquí, el legislador trata de deslindar los lugares donde se consideraran como tales los accidentes de circulación. Por tanto, hecho de la circulación será aquel que tenga lugar tanto en los garajes y aparcamientos, como en las vías o terrenos públicos y privados aptos para la circulación, ya sean urbanos como interurbanos, así como en vías o terrenos que sin tener tal aptitud sean de uso común. Debido a este carácter fáctico tan marcado de difícil encorsetado, el artículo 1.1 del Reglamento General de Circulación hace extensible, su aplicación a las vías y terrenos públicos aptos para la circulación, tanto urbanos como interurbanos, a los de las vías y terrenos que, sin tener tal aptitud, sean de uso común, y, en defecto de otras normas, a los que las vías y terrenos privados que sean utilizados por una colectividad indeterminada de usuarios. Cómo fácilmente puede advertirse, el concepto o elemento espacial de hecho de la circulación es enormemente amplio, hasta el punto de que sólo cabe excluir de él aquellos lugares en los que sea materialmente imposible el acceso y circulación de vehículos terrestres de motor. 

Para concluir, conviene tener presente la definición dada por el artículo 100 de la Ley 50/1980 de Contrato de Seguro. En esta ocasión, se entiende por accidente: “la lesión corporal que deriva de una causa violenta súbita, externa y ajena a la intencionalidad del asegurado, que produzca invalidez temporal o permanente o muerte”.
Continuar Leyendo